Uncharted: Cordillera de Sarmiento

sep 11

Despacho #13

Publicado a las 00:57
Despacho creado desde web
Fotitos!!!
Estos días hemos disfrutado viendo y seleccionando las más de 2000 fotos que sacamos, las subimos según correspondían en cada uno de los despachos que enviamos durante la expedición, si quieren verlas todas de golpe visiten la galería AQUI.
A continuación les contamos los pormenores de la ascensión al Trono además de algunas fotos con la ruta y vistas del cerro desde otros lugares que hemos conseguido con amigos aquí en Puerto Natales.
Más adelante haremos lo mismo con el Cerro Alas de Ángel.

Diez días transcurrieron antes de que pudiéramos siquiera ver el Cerro Trono, la segunda cumbre más alta de la Cordillera de Sarmiento con sus 1.879 metros de altitud, la que casi siempre escondida tras sus perennes nubes, se ha mantenido en un anonimato que no corresponde ni a su prominencia ni a su desafiante silueta (ver fotos abajo del texto). Sin saber realmente como luciría ni que ruta podríamos hacer, era un total misterio para nosotros, hasta que la mañana del 27 de Agosto, cuando nos disponíamos a bajar a nuestro depósito las nubes se desvanecieron como velos, dejando que una majestuosa aguja bañada en exuberantes hongos de hielo se dibujara contra el intenso azul del cielo. La montaña superaba lo más salvaje que esperaba nuestra imaginación, y no pudimos evitar exclamar ¡¡¡Mamitaaaaaa... en la que nos metimos!!!
De un manotazo agarramos las cámaras y partimos al portezuelo sur, con la intención de ganar mejor perspectiva y buscar una ruta más amable, que esperábamos encontrar en la cara Oeste del cerro, mucho más ancha pero tapizada de pies a cabeza en escarcha y hongos de hielo tan frágiles que parecían nubes congeladas en sus laderas.
La excursión no ofreció mucho, pues el cerro casi como burlándose de nosotros se volvió a cubrir de nubes en cuanto nos acercamos al portezuelo, pero entre jirones de niebla pudimos escoger una metida a la pared, la que sería una apuesta ya que teníamos una idea muy vaga de lo que ofrecían los cuatro quintos superiores de la pared.

El día siguió con la bajada al depósito y regreso al Campamento Alto con más equipo, comida y combustible. Cansados en la madrugada del día siguiente sentíamos la nieve caer entre las ráfagas de viento que remecían la carpa, sonidos que convencían muy elusivamente a nuestro subconsciente de que ese día debía ser consagrado al descanso. Cuatro sueños más tarde nos percatamos que ya no había más viento, que el sol se asomaba y que las nubes se disolvían tan rápido como crecían los remordimientos y arrepentimientos en nuestro interior. Ya al medio día, cuando era claro que ese hubiera sido un excelente día para intentar cumbre recibimos en el satelital un mensaje rezagado de nuestro amigo Sebastián que decía “Recomendación: mejor día de la semana para una cumbre: martes 28”, Chan!!! Cuchillazo en la conciencia!! Jaja, solo nos quedo consolarnos y confiar que nuestro subconsciente nos mantuvo en la carpa por alguna buena pero desconocida razón, y tener fe de que ya vendría otro día bueno.
Buscando reconciliar nuestra conciencia, como niños al colegio, al día siguiente partimos tempranito a intentar el Trono, entre nubes y vientos, pero con el consuelo de unos rayos de sol furtivos que al amanecer nos dieron una necesaria dosis de energía.
La visibilidad era apenas suficiente para encontrar la metida que habíamos escogido anteriormente y ya en los primeros metros, unos hongos desproporcionadamente desarrollados nos obligaron a desenfundar la cuerda y comenzar la escalada propiamente dicha. La primera sección no daba muchas opciones y los dos primeros largos de cuerda fluyeron rápidamente como por un tubo. Luego comenzó la aventura de trazar una ruta por intento y error, aventurándonos en todas las direcciones posibles con no más de 40 metros de visibilidad entre hongos, terrazas, rimayas, filos y paredes evaluando y escogiendo a donde apostar la siguiente ficha. Un largo de anhelado hielo duro y compacto, con unos cuantos metros verticales, nos embocó en una seguidilla de rampas y canales que nos llevaron a una amplia terraza cerrada por una rimaya que nos permitió movernos lo suficiente para darnos cuenta de que el siguiente nivel del cerro estaba flanqueado de lado a lado por un borde florecido de hongos y carámbanos de hielo extraplomado, cerrándonos el paso por todos los puntos en que intentábamos aproximarnos o que la niebla nos dejaba entrever. Pareciendo que el mazo estaba cargado en nuestra contra, ponemos nuestra última ficha en un hombro que parecía ser el menor de los males y que alcanzamos con una travesía de 60 metros en hielo muy descompuesto.
Una vez ahí, fue claro de que ninguna de las técnicas que algún día habíamos ocupado podía dar fruto para sobrepasar los racimos de hielo y escarcha que crecían unos sobre otros cada vez más grandes formando un extraplomo de 30 o 40 grados. Alentados por el GPS que hablaba de menos de 30 metros entre nosotros y la supuesta cumbre, decidimos acudir a ideas sacadas de epopeyas ajenas, donde hongos invencibles eran perforados de base a tope. Así, cambiamos un piolet por una pala (que siempre llevamos por seguridad) y nos trasformamos en gusanos tratando de roer el hielo que se desbordaba de la cumbre que anhelábamos.
Pasaron las horas y la tarea no resultó tan fácil como esperábamos, y tras remover varias capas de escarcha y hielo solo lográbamos descubrir intrusiones de hielo duro pero agujereado como un queso, que librado de las capas mas sueltas revelaban una serie de protuberancias en una bizarra disposición tridimensional, que se escapaba de nuestras habilidades como escaladores, hecho puesto en evidencia por una caída oportunamente detenida por un tornillo de hielo. Negándonos a aceptar que tanto trabajo había sido en vano, decidimos seguir en artificial, colgándonos uno a uno de tornillos puestos a escasos 40 o 50 centímetros unos de otros. Así ganamos un par de metros ensanchando un túnel natural. Cuando el gusano asomó la cabeza, un intenso viento blanco no dejaba ver nada, sin la más minima pista de lo que deparaban los siguientes metros, un tiempo que no ayudaba y un frío penetrante, el momento comenzaba a tener el sabor de aquellos en que se trata de escuchar a la experiencia y la ansiedad se guarda en la mochila, para dar la espalda a una cumbre que podría estar a un par de metros, e iniciar el descenso a un lugar seguro, con un gustillo a fracaso pero con la satisfacción de haberlo dado todo.
Los rapeles se sucedieron poco a poco, caída la noche paramos al abrigo de una grieta para bajar las revoluciones, comer e hidratar, sin luz ya no hay razón para apurarse, solo para concentrarse y hacer las cosas con cuidado y calma. Con el mal tiempo es a veces difícil mantener dicha calma, pues el viento cargado de hielo y la agresividad de las ráfagas inspiran constantemente una sensación de urgencia.
Sin mayores contratiempos llegamos a la base de la pared y casi ciegos siguiendo las indicaciones del GPS encontramos nuestro campamento, el que pudimos ver cuando estábamos ya a menos de 20 metros de distancia. Ya pasada la media noche, acababan 15 horas de intensas emociones, pero a estas alturas ampliamente sobrepasadas por los deseos de refugiarnos en nuestros sacos y dormir.

A eso solo siguieron tormentas y el pronóstico nos hacía apostar al 2 de Septiembre.
Revisando los puntos de GPS, el mapa IGM sugería que lo que intentamos fue en efecto la cumbre Sur, y señala la cumbre norte como la más alta, lo que si bien contradecía la impresión que obtuvimos de algunas fotos, abría renovadas esperanzas para un nuevo intento al Cerro Trono.

La diana sonó temprano ese día Domingo, anunciando lo que sería una mañana mágica, el único momento en que las nubes se olvidaron de este azotado rincón del mundo y cada cumbre con su fresco vestido de hielo se recortaba en un cielo azul perfecto al tiempo que dorados rayos de sol poco a poco iban pintando cumbres y valles de un color tan ajeno a la temperatura real, que transformaron por un momento esta cordillera en un lugar diferente que por primera vez se desplegaba ante nuestros ojos.

Palear, ajustar vientos, mochila, cuerda, crampones y partimos de nuevo, la nítida vistas de la cumbre era un potente motor tras nuestros pasos que repetían el mismo camino de hace unos días pero en un lugar completamente diferente.

Invertimos valiosos minutos en desviarnos a través del portezuelo para obtener una vista clara de la pared Oeste y entender de una vez por todas la intrincada estructura de la montaña. El hongo que nos había detenido la vez anterior era claro, y sin duda la última dificultad de la cumbre sur. Desde el portezuelo, ¬la cumbre norte parecía un paseo. El derrotero del día estaba escrito: llegar al portezuelo, evaluar otros accesos a la cumbre sur y subir la norte, que con un poco de suerte podría resultar ser la más alta.
Nubes altas comenzaban a dibujarse, y tras los primeros dos largos un espeso manto gris cubría el cielo. El viento seguía allí aunque más tranquilo y la visibilidad aún era excelente, permitiéndonos disfrutar de un paisaje increíble de montañas y enmarañados fiordos que a lo lejos se disolvían en el Océano Pacífico.
La caída de un serac nos forzó a cambiar el largo de hielo bueno por uno más de escarcha descompuesta, en la que a tramos había que hacer una zanja y remover más de medio metro de hielo para poder progresar.
Ya en la gran terraza, y con buena visibilidad trazamos una ruta al portezuelo que salió rápida.
Ansiosos nos asomamos para ver el hongo desde el Este, pero en vez de la pasada que buscábamos, encontramos un majestuoso espectáculo de verticalidad, donde el hongo, extraplomado por varias decenas de metros seguía a pique hasta el Glaciar Hermann y el fiordo homónimo. Un espectáculo hermoso pero que extirpaba de raíz la idea de una ruta más accesible a la cumbre sur. Cruzando los dedos, partimos hacia la Cumbre Norte, ansiosos, cada diez metros nos volteábamos para cotejarla con la Sur, pero poco a poco la vista iba matando nuestras esperanzas. Al alcanzar la cumbre nos abrazamos. Más que una felicitación parecía un consuelo. La visibilidad no era buena, pero más que suficiente para darnos cuenta de que la cumbre Sur era la más alta, y por su carácter, tenía todo el derecho de ser la verdadera cúspide del Cerro Trono.
Es casi absurdo hacer tanto escándalo por 20 metros más o 20 metros menos, pero la cumbre es la cumbre y en ello esta la simpleza y la magia del montañismo. 20, 10 o sólo 3 metros transforman una obra maestra en un simple intento. Como si Da Vinci hubiera dejado en blanco parte del lienzo de la Mona Lisa, aunque hubiera sido una sección del fondo sin mayor importancia, todo el cuadro no sería ahora más que un experimento inconcluso y desechado.
Olvidándonos por un momento del asunto, nos dispusimos a disfrutar de la hermosa vista, que aunque empañada por la niebla nos mostraba la majestuosa reina de la Cordillera de Sarmiento, la Dama Blanca, que con su séquito de cumbres y agujas de hielo domina el horizonte.
1.861 metros marcó el GPS, y mientras descendíamos de vuelta al portezuelo recapitulábamos todos los esfuerzos que nos pusieron allá en ese momento, que parecían gigantes al lado de los uno o dos metros que parecían restar entre el punto alcanzado en nuestro intento anterior y el filo que conducía fácilmente a la cumbre. Ahora que lo podíamos observar se veía diferente... o más bien “se veía” lo que cambiaba todo. Eran las tres de la tarde cuando volvimos al portezuelo, y tras discutirlo un rato decidimos intentarlo nuevamente y ver que podíamos hacer hasta las cuatro. Ganar nuevamente el hombro en la base de nuestro “tunel” requirió excavar nuestro camino entre hongos impresionantemente sueltos, aunque una vez hecha la zanja, la ruta se sentía segura.
Conociendo ya cada movimiento de escalada artificial ante nosotros, ganamos rápidamente los metros hasta el último punto alcanzado, y luego, nuevamente cual gusanos reptando y contorsionándonos en esa chimenea de hielo bastó poner los pies en donde en aquella oportunidad había quedado la cabeza para acceder a terreno más fácil y luego sin demora al filo. Estábamos ahí!!! Resultó!! No lo podíamos creer. Fue una batalla que enfrentamos dándola por perdida, pero sabiendo que no nos perdonaríamos el irnos sin lucharla y el éxito inesperado fue un regalo maravilloso!! Guau!!
La cuerda quedo fija para que el segundo jumareara los duros metros ganados en artificial y una vez en el filo la cumbre fue nuestra. La visibilidad se había ido a cero, nevaba y corría bastante viento, pero no importaba, la satisfacción de haberlo logrado era más grande que todo lo demás.
El cuadro quedó terminado, y tras la última pincelada iniciamos el descenso que ya nos era familiar, pero esta vez con la alegría de la cumbre, que es lo único que no pesa en la mochila si no que la aligera.
En los últimos tres rapeles el viento se desbocó, como si súbitos remordimientos hubieran acosado a la montaña tras dejarnos llegar a su cumbre y ahora quisiera sacudirnos de encima con ráfagas furiosas y cargadas de pedacitos de hielo que hasta moretones nos dejaron. Agazapados al suelo para no volarnos el viento hacia todo más lento, pero minutos más minutos menos no importaban y con cuidado los anclajes fueron puestos y los metros de cuerda pasando, para que al igual que la vez anterior todo terminara en los sacos de dormir, roncando con una sonrisa en la cara.

En el próximo y último despacho haremos una completa lista de agradecimientos, pues fueron muchos los que hicieron posible esta aventura... por ahora a OR y Andesgear por su gran apoyo y excelente equipo, fundamental ayuda para haber podido lograr las ascensiones con tan mal tiempo.
Y a Vertical, Rodrigo Jordan y Carlos Comesaña por su fundamental apoyo.

Comentarios


  • Denunciar como ofensivo...
    2012-09-20 17:01:55 c donoso dijo: ...bastaba con poner los pies donde había quedado la cabeza... y el camino quedaba abierto... extraordinario relato Camilo! gracias por compartir esta gran experiencia
  • Denunciar como ofensivo...
    2012-09-13 08:46:22 c donoso dijo: camilo te pasaste las fotos están alucinantes. gran expedicion!


Agregar comentario


¿Desea notificar a los subscriptores de este nuevo despacho?

Si
No
Cancelar